TEMPLARIOS 63

R∴L∴S∴ CABALLEROS TEMPLARIOS No.63

CABALLEROS TEMPLARIOS HISTORIA, PODER Y MISTERIO

Entre la fe y la espada: La Orden del Temple nació en la Jerusalén de los cruzados a comienzos del siglo XII, alrededor de 1118-1119, un puñado de 9 caballeros franceses liderados por Hugues (Hugo) de Payens, se comprometió a proteger a los peregrinos todos los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa, de esta manera juraron seguir los votos monásticos de la castidad, la pobreza y la obediencia, añadiendo un cuarto voto, que fue el de combatir en defensa de los lugares sagrados, por lo que en 1120 el rey Balduino II de Jerusalén les cedió la antigua mezquita de Al-Aqsa, en el Monte del Templo, como cuartel general, por lo que quedaron vinculados al “Templo de Salomón”, y de su estancia derivó el nombre de “templarios”.

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Votos y humildad iniciática: Los primeros templarios se describen como «llenos de devoción a Dios» y “pobres caballeros de Cristo” que montaban dos sobre un mismo corcel, imagen que ilustra su pobreza inicial; esta humildad primigenia quedó registrada en su sello oficial, además las primeras insignias del Temple muestran dos caballeros montados en un caballo, símbolo de su fraternidad y falta de posesiones, así como lo escribió un historiador moderno, quien relató que su misión inicial era «ser depositarios de una tradición sagrada», inspirados por ideales de caridad y la verdad, que remiten al mandamiento no a ellos sino “a Tú nombre sea dada la gloria” (Non nobis, Domine); por lo que su espíritu templario se fundamentaba en lo humano y en lo divino, distinguiéndose como un guerrero con voto de pobreza, viviendo como monje y soldado a la vez.

Imperio económico y militar: La Orden pronto transcendería de aquel humilde origen y en 1129 obtuvo reconocimiento oficial de la Iglesia en el Concilio de Troyes, adoptando un hábito blanco con cruz roja sobre el pecho y a lo largo del siglo XII y XIII los templarios recibieron donaciones, privilegios y legados como —castillos, terrenos, dinero y mucho más— de nobles y reyes agradecidos; dentro de sus filas sus hermanos no combatientes gestionaron una vasta red económica, de esta manera inventaron técnicas financieras avanzadas (una forma primitiva de banco) y crearon lo que pudo considerarse “una entidad financiera global” de la época, de hecho, como apuntan varios historiadores, «hasta su disolución en 1312, la Orden del Temple era la principal entidad financiera del mundo», que con sus arcas pudieron sufragar ejércitos, levantar iglesias y fortificar plazas fuertes, además que los templarios erigieron varios castillos en Tierra Santa, Chipre, Francia y el resto de Europa. En cuanto a su fuerza militar también fue notable, siendo catalogadas como las tropas mejor entrenadas de las Cruzadas, destacando en batallas como la de Montgisard (1177) o Arsuf (1191) y en la defensa de los reinos latinos. Este poder secular y caritativo hizo que la Orden creara castellatos, hospitales y rutas seguras de peregrinación, haciendo a los templarios piezas clave del mundo cristiano medieval.

Caída y disolución: Sin embargo de todo el poder temporal, este fue efímero, por lo que a comienzos del siglo XIV emergieron sospechas y odios, que cuando cayó la última plaza fuerte cristiana en Levante en 1291, y los “rumores de iniciación secreta”, generaron desconfianza en contra de la Orden, lo que fue aprovechado por el rey Felipe IV de Francia —grande deudor del Temple— que vio en los templarios una amenaza, todo esto provocó que en octubre de 1307 envíe a arrestar a gran parte de los templarios en suelo francés, acusándoles de herejía y otros delitos, que bajo tortura muchos confesaron cargos falsos, y el Gran Maestre Jacques de Molay fue quemado públicamente en París (hoy plaza Temple) junto a otros altos oficiales, para que finalmente, presionado por Felipe IV, el Papa Clemente V, se coordinaran para disolver canónicamente la Orden en 1312, en donde su erradicación abrupta dio paso a leyendas y especulaciones, de sus tesoros perdidos, las diversas historias sobre el Santo Grial y de esta manera los templarios quedaron para siempre envueltos en misterio.

Legado histórico: Los caballeros templarios dejaron una huella indeleble, pues transmitieron conocimientos, crearon los primeros sistemas bancarios, protegieron peregrinos y transmitieron a Europa una imagen de caballerosidad mística, sin olvidar que su lema «Non nobis, Domine…» y su sacrificio final han fascinado a filósofos e historiadores como metáfora de la fugacidad del poder terrenal. Es de esta manera que la figura del templario aún nos invita a la reflexión estoica, de cómo hombres unidos por un voto que combinaba la justicia armada, con la compasión, nos pueden llegar a recordar que hasta el mayor imperio es pasajero. Recordando un poco lo que escribió Marco Aurelio pensando en la vanidad humana, los templarios nos enseñan a “mirar el flujo” de la historia sin apego, porque su fama perdura no por riquezas terrenales, sino por la impronta espiritual que dejaron en la memoria colectiva.

¿Por qué pertenecemos a una Orden?

Preguntarse el por qué alguien decide ser parte de una Orden, es también preguntarse qué necesita el alma moderna para no desintegrarse, más aún en un mundo cada vez más individualista, fragmentado, devorado por algoritmos y la inmediatez, es cuando el pertenecer a una Orden es una forma de resistencia espiritual, es una declaración tácita que dice: “no estoy solo”, “no soy un fin en mí mismo”, “hay algo más allá de mí que vale la pena preservar”.